Barcelona volvió a vivir este 5 de enero una de las citas más emblemáticas de su calendario festivo. Miles de familias llenaron aceras, avenidas y plazas para seguir la Cabalgata de Reyes, una edición marcada por la innovación artística, la potencia visual y un mensaje que proyecta la ciudad hacia el futuro.
Melchor, Gaspar y Baltasar recorrieron el trazado habitual con la participación de más de 1.300 personas, encabezadas por los pajes Gregori, Estel y Omar, y reforzadas por los pajes carteros, que repartieron hasta seis toneladas de caramelos a lo largo del recorrido.
Una de las principales novedades de este año fue la incorporación de una carroza inspirada en los sueños de los niños, que integró de manera simbólica el sueño colectivo del Grand Départ del Tour de Francia 2026. Bajo el lema «Barcelona y el Tour, un buen tándem», la Cabalgata hizo, por primera vez, una referencia explícita a un evento de ciudad.
Esta carroza, integrada en el séquito del rey Gaspar y concebida por el escenógrafo Ramón de los Heros, incorporó el circo como nueva disciplina artística, con camas gigantes, acrobacias y una atmósfera onírica que invitaba a los niños a adentrarse en el mundo del descanso y la imaginación. En este paisaje de ensueño, una coreografía de bicicletas simbolizó la conexión entre Barcelona y el Tour de Francia, acompañada de nuevas composiciones musicales de Bernardo Roja creadas especialmente para esta escena.
La bicicleta también fue la protagonista de la carroza de Correos Reales. Como novedad, los pajes carteros estrenaron cinco bicicletas y buzones obra de los artistas y artesanos de la ciudad Carles Berga y Jordi Sala. La nueva estructura fue concebida para ser dirigida por dos personas, una detrás y otra delante a diferentes alturas, e incorporó cuatro ruedas, luces y un buzón creado por José Menchero.
De este modo, la Cabalgata conectó la magia de la noche de Reyes con uno de los grandes eventos deportivos de 2026, haciendo llegar este mensaje a miles de barceloneses, barcelonesas y visitantes.
Entre luces, música, caramelos y bicicletas, Barcelona cerró una de las noches más esperadas del año mirando hacia adelante: fiel a la tradición, pero con la capacidad intacta de reinventarla y convertirla en un sueño colectivo compartido.
