Guadalajara se volcó esta tarde para recibir a Melchor, Gaspar y Baltasar en una Cabalgata que comenzó puntual a las 17:30 horas en el Paseo de la Estación y recorrió la Calle Madrid, Plaza de España, Miguel Fluiters, Calle Mayor y Plaza de Santo Domingo, donde los Reyes adoraron al Niño Jesús en el Misterio Viviente instalado en San Ginés y le entregaron el oro, incienso y mirra.

El desfile fue un espectáculo lleno de música y color. La Banda Amor y la Paz, el Tren de la Navidad, comparsas como Toy Story, coreografías espectaculares como el ballet de las cartas, juguetes que cobraban vida, y carrozas como la de Super Mario. Y tras el desfile de los diferentes personajes infantiles, la comitiva real encabezada por los caballos carteros del 1900, la Estrella de Belén y los camellos reales que acompañaron a los Reyes cargados de juguetes, junto a los pajes acompañados con música de dulzainas. Todo el recorrido estuvo protegido por vallas antivuelco para garantizar la seguridad.

La anécdota más comentada la protagonizó Gaspar, cuya carroza sufrió una avería a última hora, tras el largo viaje dese Oriente. Lejos de detenerse, el Rey recorrió todo el trayecto a pie, saludando a los niños y recogiendo las últimas cartas, un gesto que arrancó aplausos y sonrisas.

La fiesta culminó a partir de las 19:30 en la Plaza de Toros, también con miles de personas y con actuaciones musicales, un gran espectáculo de fuegos artificiales y la entrega simbólica de las llaves de la ciudad por parte de la alcaldesa Ana Guarinos, acompañada por casi todo el equipo de Gobierno municipal.

En sus palabras, la regidora resumió la emoción de la noche. “Es un honor volver a recibir a Sus Majestades en Guadalajara. Esta es la noche más mágica del año, una noche especial en la que todos llevamos un niño en nuestro interior. Les entregamos las llaves de la ciudad para que puedan entrar en cada hogar y llenar de ilusión a los más pequeños. Majestades, muchísimas gracias por estar con nosotros, esta es su casa”.

Dos niños, Tomás y Joana, pusieron voz a los deseos de todos los más pequeños con una petición de paz y amor.

Por su parte, el Rey Melchor, gran conocedor de Guadalajara, emocionó con unas palabras llenas de ternura. “Seguid creyendo. Seguid siendo niños. Guadalajara es mágica porque está llena de vuestras sonrisas que iluminan más que todas las luces de Navidad”, dijo, arrancando aplausos entre los más pequeños a quienes recordaba dejar colocados sus zapatos y poner un poco de agua para los camellos en cada casa.

Guadalajara ha vuelto a demostrar que la noche de Reyes es mucho más que una tradición: es ilusión, esperanza y una ciudad volcada con la celebración compartida de la Navidad.

 



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By Steve

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